Moléculas a reacción

Blog de divulgación del Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea

Publica o perece (2)

(José I. García Laureiro, ISQCH)

En la primera entrega de esta serie, vimos cómo a mediados del pasado siglo se produjo una verdadera explosión de la actividad científica y tecnológica que se tradujo en un gran aumento en el número de investigadores y de centros de investigación en los países desarrollados. Con la incorporación de los países emergentes, y especialmente de China, esta situación se ha intensificado en las últimas décadas. ¿Cómo ha afectado esto a las publicaciones científicas?

2012-01-NatureChemistryCover-largecoverEl negocio editorial es una empresa difícil, ciertamente. Los beneficios se fían normalmente a los éxitos de ventas (de ahí la expresión inglesa best seller). A su vez, un volumen elevado de ventas permite ajustar los precios de la edición. En el caso de las publicaciones científicas, obviamente, el número de potenciales lectores (y compradores) será necesariamente mucho más limitado, por lo que los precios de las revistas y libros (excluyendo los de texto) siempre han sido necesariamente “caros”. Pensemos, por ejemplo, en una revista científica en los años 60, de edición bimensual, o que implica 104 ediciones diferentes al año, con una tirada corta, digamos de algunos miles de ejemplares cada una. Los gastos de edición, papel, impresión y distribución a nivel mundial eran elevados, y debían reflejarse en el precio final. Obviamente, había (y sigue habiendo) una diferencia importante de precio entre las suscripciones individuales y las que realizan las bibliotecas de las instituciones como universidades y organismos de investigación. Esta diferencia en ocasiones puede llegar a ser de un factor de 10 o 20 veces inferior. En cualquier caso, esta claro que las suscripciones personales nunca supusieron el grueso de los ingresos de las editoriales, y menos cuando el número de revistas se incrementó espectacularmente.

Este incremento se produjo hacia los años 70 del pasado siglo. Para absorber el cada vez mayor volumen de artículos enviados para su publicación, muchas revistas incrementaron el número de páginas de cada ejemplar, así como la frecuencia de publicación. Algunas revistas pasaron a ser de periodicidad semanal, otras quincenal. El siguiente paso fue crear nuevas revistas, en general más especializadas, para dar cabida a la creciente productividad científica. Ese aumento del “mercado”, hizo que las editoriales privadas comenzaran a jugar un papel más importante, frente a las académicas y de sociedades científicas, que habían llevado el mayor peso durante las épocas anteriores.

1976-in-law-railroad-revitalization-and-regulatory-reform-act-copyright-act-of-1976-foreign-sovereign-immunities-act-libro-de-llc-books-libro-516392546_MLEn 1976, con la promulgación de la Copyright Act en los Estados Unidos, que fue seguida por leyes similares en otros países, se produjo uno de los cambios fundamentales en la relación autor/editorial. Hasta esa fecha, los autores debían abonar una cantidad, usualmente no muy elevada, en concepto de gastos de publicación. A cambio, conservaban todos los derechos sobre su trabajo. A partir de las leyes de derecho de copia, las editoriales debían obtener la firma de los autores, expresando su acuerdo para transferir a la editorial sus derechos de copia. De esta forma la editorial evitaba posibles problemas legales por la publicación de los artículos, pero los autores perdían los derechos sobre su propio trabajo. Por ejemplo, si un investigador deseaba reproducir una figura realizada por él mismo para representar sus resultados, que había sido publicada en una revista, debía recabar primero el permiso de la revista. A cambio, paulatinamente las revistas dejaron de cobrar las “tasas” de publicación. Publicar los resultados se convirtió en una actividad “gratuita” aparentemente, pero pronto veremos que, en realidad no era así.

El siguiente salto cualitativo se dio con la proliferación de internet y los accesos online. Hacia comienzos de este siglo, las editoriales fueron cambiando los métodos tradicionales de edición, adaptándose muy rápidamente al formato electrónico y el acceso a los contenidos a través de internet. Sin duda esto supuso una gran inversión, pero también nuevas oportunidades de negocio. Por aquellos años, no tan lejanos, los usuarios de revistas científicas pensábamos, de forma cándida, que cuando se completara la transición, los costes de suscripción se abaratarían considerablemente. Craso error. No solo no fue así, sino que el incremento de los precios de suscripción se aceleró alarmantemente. En promedio, los precios de suscripción han ido aumentando en los últimos diez años entre un 12 y un 16% al año, y la situación comienza a ser claramente insostenible.

SciFinderScholar¿Por qué ha ocurrido esto? Este es un análisis complejo, pero aquí voy a expresar simplemente mis ideas e impresiones al respecto. Esperamos ofreceros otros puntos de vista en sucesivas entradas de esta serie. Si analizamos el mercado actual de las publicaciones científicas, enseguida nos damos cuenta de que es un mercado completamente cerrado: los productores y consumidores son los mismos. Es como si analizáramos la industria de producción de jamones y nos diéramos cuenta que los únicos que comen jamón son los dueños de explotaciones porcinas. Pero no comen solo del jamón que producen, sino que todos ellos consumen los jamones producidos por los demás: en Teruel aprecian mucho el de Jabugo, y en Salamanca el de Extremadura… En nuestro caso, las editoriales científicas “producen” publicaciones, cuyo contenido ha sido obtenido gracias a la financiación pública de la investigación, y es graciosa y gratuitamente cedido por sus autores, censado, también gratuitamente, por otros investigadores que son a su vez autores, y comprado a muy buen precio, de nuevo con cargo al dinero público, por instituciones académicas, donde son consumidas por esos mismos investigadores. Hasta la labor de maquetado es realizada en gran parte por los propios autores, gracias a la edición digital, siguiendo un formato predeterminado proporcionado por la editorial. Resumido así, parece un asunto de locos, y puede que lo sea, pero hay dos potentes motivos por lo que este “negocio” funciona tan bien. El primero, la presión que reciben los investigadores para publicar sus resultados en revistas de calidad (recordemos: publica o perece). En el ámbito académico, tanto la financiación como la promoción personal dependen en gran medida de este indicador. Debo reconocer con cierta tristeza que muchas veces somos los propios investigadores los que alentamos este comportamiento, al juzgar los méritos de nuestros colegas casi exclusivamente sobre esta base. El segundo motivo es que hoy en día una investigación de calidad requiere de un acceso inmediato a lo que se está publicando en el campo de interés. No cabría competitividad alguna en la investigación si perdiéramos el acceso a las bases de datos bibliográficos (tipo Web of Science, Scopus o SciFinder) y a las fuentes primarias (revistas) más relevantes de tu área de trabajo. Las editoriales saben ambas cosas y se aprovechan de ello para obtener gratis contribuciones de calidad en un mercado con sobreoferta, que luego venden a buen precio en un mercado “cautivo”.

open access-1Seguro que a estas alturas, a muchos de vosotros os rondará por la cabeza una idea: si los productores, los evaluadores y los consumidores son los mismos, ¿por qué no prescindir de los intermediarios? En el pasado esto hubiera sido muy complicado, pero en la época actual, en la que proliferan las redes sociales de todo tipo, las herramientas para llevarlo a cabo están a nuestra disposición. Existe todo un movimiento para fomentar el acceso libre a los resultados de la investigación realizada con fondos públicos, conocido como Open Access. En próximas entregas os contaremos más cosas sobre él, pero de momento, si queréis saber más, podéis encontrar información en el blog “Ciencia y Ficción”, de nuestra biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza.

Acerca de isqch

El Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH) es un instituto de investigación química mixto entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Zaragoza.

2 comentarios el “Publica o perece (2)

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Esta entrada fue publicada en 01/02/2013 por en Educación, Investigación y etiquetada con , , , , .

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