Moléculas a reacción

Blog de divulgación del Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea

Un bronceado perfecto

 (Pilar García Orduña, ISQCH)

Septiembre es frutero, alegre y festero dice el refrán, y sin embargo … se acabaron la “operación bikini” y la canción del verano … es el momento  fatídico de vuelta al cole, o al trabajo. Esperemos que cada cual haya recargado un poco las pilas, para atacar con ganas el último trimestre del año. Al menos una cosa es cierta… quien más quien menos, todo el mundo luce su mejor color. Atrás quedó el color paliducho del invierno.

En casa, en la playa o en la montaña, el sol ha pegado ¡y mucho! este verano, al menos por estos lares. Todos los años oímos recomendaciones sobre cómo protegerse del sol, los golpes de calor y las quemaduras. Pero a principios de este verano la revista “ The New England Journal of Medicine” publicaba una foto impresionante de los efectos nocivos del sol en la piel . Yo creo que nunca me he echado tanta crema solar como a partir de entonces.

¿Qué ocurre con el sol? Si bien las siglas UVA y UVB son de uso más o menos común, su significado y las diferencias entre ellas no pareden haber calado tan hondo. Lo que nuestra piel recibe a diario es la radiación emitida por el sol. ¿Y en qué canal emite el sol? Pues, nunca mejor dicho, en un amplio espectro, con frecuencias que incluyen infrarrojo (que nos calienta), luz visible y rayos ultravioletas (UV, que actúan sobre la piel). De estos últimos, nos llegan los UV-B (más energéticos, pero de menos poder de penetración en la piel) y los UV-A (que tienen menos energía, pero más peligro porque llegan a capas más internas de la piel).

Cuando los rayos UV-B inciden sobre la piel, las células de nuestra epidermis se protegen, generando melanina, que es un pigmento que nos da ese buen color del que hablábamos antes, que no es, sino un factor fotosensibilizante. A mayor contacto con la piel, más generación de melanina y (de rebote) más bronceado. ¡ Pero ojo! Porque la protección de melanina no es inmediata, así que a veces dejamos la piel sin protección y nos quemamos. Para evitar insolaciones, quemaduras, envejecimiento prematuro de la piel o efectos todavía más adversos, la química viene en nuestra ayuda, a través de los protectores solares. Respecto a ellos tengo una pregunta fundamental: ¿Por qué de pequeña mi madre me untaba con una crema blanca, muy espesa que no se absorbía nunca? Pantalla total…. y tanto, casi parecía una especie de armadura, estaba claro que ni el sol podía traspasarla y de hecho así es…

Básicamente hay dos formas de mitigar la acción de los rayos solares. La primera es utilizando pantallas de minipartículas, o más concretamente nanopartículas, de óxido de zinc (ZnO) o de óxido de titanio (TiO2). En el caso de ZnO, estas partículas son de aproximadamente 80 a 150 nanometros (es decir, de 0.00000008 a 0.00000015 metros) y son capaces de absorber una parte de la radiación que les llega. En cuanto a las de TiO2, miden de 220 a 250 nm (os dejo pensar a vosotros la equivalencia en metros) y difunden esta luz, por así decirlo, rebota en nuestra piel. Es ese “rebote” el que da a estas cremas ese color blanco de sobra conocido.

El otro mecanismo de protección que utilizan las cremas solares es la absorción de energía y su transformación en forma de calor, mediante moléculas orgánicos. Estas moléculas tienen distintos estados fundamentales, es como si estuvieran en una escalera y pudieran encontrarse en el primer peldaño, o el segundo, o el tercero… pero nunca entre ellos. Si hacen un esfuerzo determinado podrán subir (o bajar) un escalón (o varios). Son las llamadas transiciones electrónicas, representadas en la figura. Para una transición electrónica hace falta una cantidad de energía; si esta coincide con la energía de la radiación solar nuestra molécula la absorberá y cambiará de estado, sin que dicha energía llegue a nuestra piel. Estamos entonces salvados.

Una de las moléculas más utilizadas, es el ácido para-aminobenzoico, más conocido como PABA en la industria de los cosméticos, que absorbe una radiación de 288 nm. Modificaciones en esta molécula permiten modificar la energía que se absorbe.

 

En busca de la crema perfecta Como cada tipo de filtro resulta ser el mejor de su clase, las cremas contienen una mezcla de todos, siempre por debajo de las concentraciones máximas reguladas legalmente, claro está. A los principios activos (estas moléculas inorgánicas y orgánicas) se les añaden otros aditivos, cada uno con alguna función específica: algún tipo de disolvente para solubilizarlas, o derivados de la silicona, para volverlas más resistentes al agua, algo bastante práctico cuando nos encontramos en la playa o la piscina.

Entonces ¿qué debo hacer para lograr un bornceado perfecto y no quemarme? Fundamentalmente elegir con cabeza cuando exponerse al sol y en qué condiciones. A la hora de elegir una crema no sólo hay que fijarse en el precio, o en lo bien que huele, sino fundamentalmente en el nivel de protección que proporciona. Este se indica con el factor de protección solar (FPS) o SPF (sunburn protection factor, en inglés). Cuanto mayor sea el FPS más protegida está nuestra piel. Eso no quiere decir que si utilizo una crema de FPS 10 me vaya a poner morena antes que con una de 30… no. Significa que si, insconciente de mí, no me pongo crema y me quemo tras una hora al sol, con una crema de FPS 10 mi piel hubiera estado protegida y sin quemarse durante unas 10 horas. O como bien dice el bote de FPS 30 que tengo en casa “protege la piel de las quemaduras solares 30 veces más que la protección natural de la piel”. Y de hecho así es como se calculan estos factores: a partir de test en personas, comparando el tiempo sin que aparezcan rojeces en distintas zonas con y sin crema. Si habéis estado atentos en la lectura sabréis que los rayos que actúan sobre la superficie de la piel son los UV-B, así que son para los que el factor de protección está calculado. Lo que provocan los UV-A en capas más internas es más difícil de calibrar, así que incluso con protectores, tampoco es bueno exponerse demasiado. Aunque parece que de momento no tendremos este problema hasta el verano que viene…

Acerca de isqch

El Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH) es un instituto de investigación química mixto entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Zaragoza.

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Esta entrada fue publicada en 14/09/2012 por en Productos de consumo, Sustancias de interés y etiquetada con , , , , .

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