Moléculas a reacción

Blog de divulgación del Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea

Un culebrón atómico…

(Pilar García Orduña, ISQCH) 

Los átomos forman el mundo: nosotros, los árboles, los gatos, los tomates, las estrellas… todo está formado por átomos; eso ya lo sabemos. La idea no es muy nueva, es más, no es nada nueva, puesto que viene de unos tales Leucipo y Demócrito (que vivieron en Grecia nada más y nada menos que en los siglos V y IV a.C.). ¿De qué vamos a hablar entonces? Esta entrada al blog no trata de teorías históricas, ni de cómo ha cambiado nuestra percepción del mundo desde entonces… No, esta entrada trata de atracción, de contacto, de coqueteo, de odio, de diseño, de aspiraciones…. vamos, todos los ingredientes para un buen culebrón.

Antes de nada, ¿cómo son ellos, los protagonistas, los átomos? Básicamente se distinguen por su aspecto (más o menos ligeros, con más o menos masa, M), y por “sus haberes” (no en forma de dinero, sino de carga eléctrica, de número de electrones, Z). En función de estas características podemos diferenciar de qué tipo de átomo hablamos, los podemos etiquetar en las fotos. Pero además,  los átomos forman familias, cuyo gran retrato es la tabla periódica. Y estas familias, estos clanes actúan llevándole la contraria al refranero español, en una especie de “dime quién eres y te diré con quién andas…”

La vida social de los átomos es más activa de lo que imaginamos.  Probablemente no por su número de contactos en Facebook o Twitter, aunque… también podría ser, porque los átomos tienen “parejas”, “amigos”, “conocidos”, aunque también tienen “enemigos”, como ya veremos. Antes de nada, hay que pensar que los átomos se relacionarán con su entorno más cercano. Ellos viven anclados en el aquí y ahora. Para que exista algún tipo de relación entre ellos, es necesaria una cierta cercanía. Podríamos decir que un átomo tiene pareja (o la mayor parte de las veces tiene “parejas”) cuando entabla una relación cercana y muy estable con otro átomo; ambos están muy próximos y separarlos es bastante complicado.

Lo solemos representar uniendo los dos átomos por una línea. Esto es un enlace químico, y lo que cuesta separarlos es la energía de estabilización del enlace. Además, nuestro átomo también puede interaccionar con otros que se encuentran a una distancia un poco mayor, sin que cueste tanto separarlos (por eso entre ellos solemos pintar líneas discontinuas).  Con éstos, nuestro átomo no forma enlaces, sino que tiene interacciones, que ¡ojo! pueden ser atractivas (¡qué bien se llevan las moléculas de agua entre ellas!), o repulsivas (¡no es buena idea intentar acercar dos átomos cargados negativamente!). En la sociedad atómica existe pues el amor ¡pero también el odio!

En el fondo ¿de qué dependen las relaciones entre ellos? En primer lugar de los propios átomos. En un estudio sociológico habría que tener en cuenta que ellos, los átomos, valoran unas cualidades muy dispares. Por un lado, está la carga… entre átomos cargados los opuestos se atraen, y por lo tanto, los átomos cargados positivamente tenderán a buscar a sus almas gemelas entre los átomos que más cargas negativas tienen, los “más electronegativos”. Por otro lado, “la bondad” también está de moda. Los átomos son muy cooperativos, y a la hora de formar enlaces suelen compartir y poner en común sus haberes, sus electrones.

¿Es importante el que los átomos vayan juntos? ¡Sin duda alguna! Al asociarse forman equipos, grupos compactos, moléculas o grupos de moléculas. Y dependiendo del tipo de átomos y de cómo se han unido estos equipos tendrán unas propiedades u otras y estarán más o menos capacitados para llevar a cabo las tareas que les encomendamos (ya sea agilizar una reacción o atacar a una célula enferma…). Es importante, pues, la composición del equipo y cómo se une.  Eso sí, no todas las condiciones son propicias para formar buenos equipos. La cenita romántica que surte efecto puede ser en realidad una temperatura especial, o un entorno más o menos ácido, y el vino que haga saltar la chispa… un disolvente especial. Y ¡ese es nuestro trabajo en el ISQCH! Nuestro objetivo es encontrar las condiciones más adecuadas para lograr que los átomos se unan, pero no de acuerdo al “libre albedrío”, sino como a nosotros nos convenga, siempre buscando algún tipo de cualidad particular que haga interesantes estas agrupaciones. Por eso, porque pensamos que la química es como “sociología atómica desde estas líneas pretendemos explicaros qué hacemos y cómo. Mientras tanto, esperamos que os animéis a visitarnos y comprobarlo por vosotros mismos.

Acerca de isqch

El Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH) es un instituto de investigación química mixto entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Zaragoza.

2 comentarios el “Un culebrón atómico…

  1. Miguel Carreras
    17/05/2012

    INTERESANTE ARTÍCULO Y BLOG

  2. Pingback: La ley y el orden (I) « Moléculas a reacción

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Esta entrada fue publicada en 03/04/2012 por en Conceptos y etiquetada con , .

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